Capitulo 2

el primer dolor del día


Habían pasado seis días desde que Samuel despertó del quirófano con sus caderas, rodillas, tobillos, Humero y escapula   derecha operados.

Las correcciones en sus huesos habían sido varias y el dolor no podía ser menor, más aún cuando su cuerpo rechazó la platina de la cadera izquierda.

Para él, hasta hacer del cuerpo era difícil. No por los cólicos, sino por adelantarse a imaginar el dolor que sentiría cuando tuvieran que moverlo para limpiarlo.

No habían pasado cuatro horas de iniciado  el jueves, día en qué volvería al quirófano para corregir la platina de su cadera izquierda,  cuando llegó el primer dolor fuerte del día.

Samuel había ensuciado el pañal y necesitaba ser cambiado completamente.

“Por favor, no me vayan a hacer duro”, les dijo a las enfermeras que llegaron con guantes y tapabocas para limpiarlo.

“Lo hacemos en bloque, lo levantamos y limpiamos”, respondió una de ellas, sorprendida por lo mucho que había defecado.

“Dios santo bendito”.

El grito se escuchó por los pasillos del instituto Roosevelt. Salía del alma de un niño que no encontraba una forma cómoda de moverse y al que hasta hacer del cuerpo le dolía.

Así comenzaban los días de Samuel: acompañado de tres personas que buscaban limpiarlo sin que el dolor se apoderara de él.

“Yo no quería pero tenía muchas ganas”, confesó mientras lo movían.

“Mi caderita… se va a partir peor” a grito herido decía Samuel.

Y las enfermeras seguían intentando terminar de limpiarlo mientras  lloraba del dolor.

El nuevo día no podía empezar peor: adolorido después de hacer del cuerpo, despierto desde las 4:00 de la mañana y, sobre todo, sin poder tomar ni agua, pues a las dos de la tarde volvía a su segundo hogar, el quirófano.

En la tarde de ese jueves volvería a ser intervenido quirúrgicamente para corregir la platina izquierda que su cuerpo, en un acto de rebeldía pura, había rechazado.

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